miércoles, 10 de junio de 2009

Tratado de la nostalgia II


La Nostalgia es algo muy cabrón Valeria, si te dejas te come. Me ha hecho derramar lágrimas por el Cuba de los años sesenta, cuando escucho como se apodera del piano Rubén González y toca esos sones de antaño compartido con la voz de Omara Portuondo se me enchina la piel. Pienso en la Cuba revolucionaria de los sesenta, con las ilusiones de un mundo mejor. Cuando una persona mayor en España me habla de cómo sobrevivió la Guerra Civil y después se sometió al franquismo, igual me da mucha nostalgia. Es como si yo mismo hubiera vivido esa etapa, me come y me hunde.

Lo que dices de las ataduras con el tiempo a un lugar, sin duda eso me crea frustración. No entiendo porqué tenemos que permanecer en un lugar donde no nos gusta estar. Como si fuera una condena que estamos pagando por el simple hecho de haber nacido ahí. ¿Porqué no buscar el sitio donde te sientes cómodo?. Lo que es peor y me causa más conflicto es ¿Algún día te cansas de esa vida mejor y vuelves al lugar de origen? Posiblemente la respuesta está en lo que dices del eco en los otros.

Paris muy bien, en estos momentos hay un clima excelente, apenas sale un poco el Sol y todos salen a la calle y se encueran para que los rayos entren por toda la piel. Claro, el Sol es un privilegio que los franceses no tienen todo el año, lo saben y por eso lo valoran.

Encontré un piso perfecto en el Barrio Latino, un barrio (creo yo) muy nostálgico. Lleno de aquellos que añoran el París literario, los mercados donde te encuentras maravillas y el lugar en donde los artistas se juntan y convergen. El barrio gay de París se llama Les Marais, pensarás que habría querido vivir allí pero no, no me gustan los clichés.

En cuanto a mi trabajo ya te contaré en otro momento.

Tu siempre Bruno.

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